
En 2005 me compré un Sony Vaio que disfruté hasta el último click en el botón derecho del ratón y me volqué en esto del diseño gráfico. Determiné pasar de mi ilustración autocomplaciente y empecé a participar en concursos y a leer prensa y literatura especializada. Juntos, mi Vaio y yo, logramos un meritorio tercer premio en el concurso Threadless loves Eisley de la conocida línea de camisetas de Chicago. Dibujé lo que quise para Alter Ego y hasta compuse un díptico para el Ministerio de Economía y Hacienda (somos todos). Amaba ese Vaio. Y el XP me parecía un sistema operativo cojonudo. Pero siempre que dabas la vuelta a una página de la Computer Arts o al enésimo libro sobre ilustración digital allí estaban ellos. Ordenadores blancos en entornos blancos y amarillo post-it. Si seguía un tutorial los pantallazos eran de Mac y si salían las oficinas de Ilovedust, los portátiles se llamaban iBook. ¿Qué más podía hacer si lo mejor que había pasado por mis bolsillos era un iPod de 20GB?
¿Ha mejorado en algo mi existencia? Si. Pero tanto como comprar (¡y esperar!) la Computer Arts Projects todos los meses, recibir el newsletter de Graphic Book o descubrir un nuevo blog de dibujante amateur que deja mis lapices a la altura del betún. Soy feliz con mi carrera. He tenido mis salidas falsas y hay veces que lo que debería ser un trote tranquilo se me aventura una carrera alrededor del mundo. Prometo darlo todo o dejar la felicidad en el intento, y empiezo hoy. Amaba ese Vaio como ahora amo este Mac. Y quedará de puta madre cuando hagan una foto de mi cuarto-estudio para mi perfil en alguna revista.
Everyone is a designer: i am mint condition