
... y vemos a
Damon Lindelof sentado frente a su ordenador, un mac portátil pequeño, lo último en el mercado. Sus gafas reflejan el blanco inmaculado de un nuevo documento de
word que, poco a poco, va llenando de caracteres. Bebe una lata de Diet Coke o un café de esos de Starbucks y viste, una vez más, camiseta
vintage de Star Wars y vaqueros. Quiero pensar que se acuesta pronto y madruga para sentarse duchado, vestido y puntual en el escritorio de su despacho con vistas a la soleada California. Algunos sacamos la lengua para dibujar y otros sonrien las 14 horas que cada día dedican a la misma causa. Una sonrisa traviesa. Damon es feliz y se nota en lo que escribe. Se poco de casi todo pero bastante de cultura popular.
67 episodios después, Lost va a más. Debe ser guay ser Damon.
Captura:
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